En el Ex Convento de la Cruz de Zacate en Tepic se transformó en un vibrante mosaico de colores, aromas y sonidos que capturan la esencia misma de Nayarit. Bajo el lema “Conectando con nuestras raíces”, el Encuentro de Colores y Sabores de Nayarit regresó en una edición especial de otoño, organizada por la Secretaría de Turismo del Estado, atrayendo a cientos de familias, turistas y locales ávidos de celebrar la herencia cultural y gastronómica de esta tierra mágica. Con entrada libre y un horario de 4:00 p.m. a 10:00 p.m., el evento no solo cumplió con las expectativas, sino que superó las de ediciones anteriores, consolidándose como un imperdible en la agenda invernal nayarita.
Desde la inauguración, con un emotivo corte de listón a cargo de autoridades como la Secretaria General de Gobierno, Mtra. Rocío Esther González García, y el Secretario de Turismo, Juan Enrique Suárez del Real Tostado, el ambiente se cargó de energía. El recorrido por los pabellones fue un deleite para los sentidos: stands rebosantes de artesanías locales, como el tradicional jabón Pinto y piconas hechas a mano, junto a delicias gastronómicas que evocan las tradiciones de municipios invitados como Ahuacatlán, Jala, Ruiz, Tecuala y Xalisco. Probé el inconfundible bolillo de nuez, crujiente y aromático, acompañado de raspados El Manantial refrescantes y galletas caseras que transportan directamente a las cocinas de abuelas nayaritas. La fusión de sabores regionales –pescados ahumados de la costa, moles de la sierra y postres con frutas tropicales– fue un homenaje perfecto a la diversidad culinaria del estado, con énfasis en ingredientes sostenibles y recetas ancestrales.
Lo que más me encantó fueron los talleres interactivos, un sello de este festival que lo distingue de eventos más pasivos. Participé en uno sobre la elaboración de puros aromáticos, donde artesanos locales compartieron técnicas transmitidas por generaciones, y otro de cocina tradicional que me permitió manos a la obra con una picona. Estos espacios no solo educan, sino que fomentan la conexión genuina con la comunidad, permitiendo charlas con productores apasionados que narran historias de su tierra mientras venden sus creaciones. La música en vivo, con sones huicholes y mariachi, añadió un toque festivo, convirtiendo el convento histórico en un escenario vivo donde la tradición se siente actual y accesible.
En términos de organización, todo fluyó con maestría: el sitio amplio evitó aglomeraciones, y la iluminación nocturna realzó los colores vibrantes de las mantas y bordados expuestos. Aunque el clima otoñal fue ideal, un pequeño detalle como más estaciones de hidratación habría sido bienvenido para los más activos en los talleres. El público respondió con entusiasmo, familias enteras disfrutando de un picnic improvisado entre stands, y turistas internacionales capturando cada momento en sus redes –no en vano, publicaciones en Instagram ya lo catalogan como “un festín para el alma nayarita”.
En resumen, este Encuentro de Colores y Sabores no es solo un festival; es un puente emocional hacia las raíces de Nayarit, ideal para desconectarse del ajetreo y reconectar con lo auténtico. Si planeas visitar el estado en invierno, no te lo pierdas en su próxima edición –¡te garantizo que saldrás con el estómago lleno, el corazón rebosante y ganas de volver! Calificación: 9.5/10. ¡Viva Nayarit y sus sabores eternos!
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